El Cinismo de los
Políticos en la Despedida
Me he
pasado el Día de la Constitución en la cama por un virus y, como mi cabeza no estaba
para esfuerzos, me dediqué a escuchar la radio todo el día. Por supuesto, el tema recurrente en cada
informativo, aparte programas especiales –alguno excelente, como el de Angels
Barceló en La Ser, porque sus invitados fueron de las pocas personas que hicieron
comentarios interesantes sobre Mandela y su vida- era exaltar de forma tópica y
conveniente para ellos la figura del personaje político más sobresaliente del
siglo a quién todos decían admirar.
Parece
que la cualidad más apreciada de Mandela es que, tras ser represaliado, no
dejarle llevar a cabo su actividad política y hacerle pasar 27 años en la
cárcel; decidió que lo más inteligente era predicar la reconciliación con los
blancos que dominaban de forma indecente la política y la economía:
- Derecho de voto: reservado únicamente para los blancos,
- Sólo los blancos podían viajar libremente por el país,
- Era legal que un blanco ganara más que un negro por el mismo trabajo,
- Los negros debían vivir en zonas alejadas de los blancos,
- Los negros debían estudiar en escuelas separadas de los blancos, y su educación debía ser limitada, etc.
- Un 25% de blancos gobernaba a un casi 80% de negros.
En fin, que con este panorama y con un apoyo
incondicional del 80% de la gente del país, este hombre, tras haberle robado 27
años de su vida en la cárcel; decide, por el bien de su pueblo, que es mejor la
reconciliación que la confrontación; y consigue que casi 40 millones de
africanos segregados, explotados, maltratados y viviendo en condiciones
miserables, subyugados por un 20% de blancos durante más de 100 años, acepten
un gobierno conjunto en el que las condiciones de los negros mejoraban
ostensiblemente.
En
realidad parece que los negros dejaron de vivir segregados por los derechos,
pero siguen y seguirán siendo segregados por la economía durante muchos años,
aunque haya políticos negros ejerciendo el poder. Parece que el dinero une más que la raza.
Tiene mérito
la reacción, porque con el apoyo político que tenía, a mí me cuesta imaginar a
cualquier político europeo, y menos español, no aprovecharlo para arrasar al
contrario. Claro que Mandela, conocía a
su enemigo y tenía claro que una confrontación podía tener resultados catastróficos
para su pueblo. Sin embargo, aunque
fuese una cuestión táctica más que de ganas, hay que valorar la inteligencia y
la prudencia de alguien que decide proteger a su gente, en vez de usarla para
vengarse, lo cual le hubiese resultado muy fácil, dada su capacidad de
liderazgo.
Finalmente,
me gustaría volver sobre el comentario de las interpretaciones de los políticos
occidentales, especialmente los nuestros, llenándose la boca con consensos y
convivencias, mientras en realidad están creando un verdadero Apartheid –por cierto,
palabra de origen holandés, con un insoportable tufo Nazi, que da nombre a una
ley aprobada en Sudáfrica a imitación de la segregación de los judíos- económico.
Porque para hacer segregación, no es necesaria ninguna alambrada, ni
muro. La segregación autóctona es
económica: los que no acceden a determinados niveles económicos – y tenemos
cinco millones de parados y varios de subempleados- quedan excluidos del acceso
a una vivienda digna, a poder enviar a sus hijos a la universidad y, si las
intenciones privatizadoras siguen adelante, también quedarán fuera de una
enseñanza y una sanidad decente.
Por no
hablar de los oportunismos de tratar de forzar una independencia, cuando el
problema verdadero es la supervivencia de un sistema económico justo.
Verdaderamente
resulta obsceno oír hablar de reformar la constitución para ajustarla a los
nuevos tiempos, cuando llevan años atropellándola sin vergüenza alguna. Cada vez que un partido no tenía una mayoría
absoluta, en vez de utilizar el tan alabado consenso, preferían pactar con partidos
catalanes o vascos, cediendo soberanía española como una sangría ¿Es que la Constitución no establece límites?
Y si no los establece ¿por qué no los han establecido los que ahora apelan a la
unidad de la patria, en vez de romperlos cuando les convenía para mantener el
poder?
Decía
ayer Julio Anguita, que en si fuese presidente, lo primero que haría sería
cumplir la Constitución. No sería mal
programa electoral: Vivienda digna, trabajo digno, inversiones con criterios de
eficiencia, progresividad en la aportación por impuestos, ….
Tienen
la Constitución boca abajo. No la
reformen. Cúmplanla. Les votamos y les pagamos para eso, y no para
que legislen a favor del capital, protejan a corruptos, influyan en el poder judicial para salvarlos y, cuando no lo consiguen, los indulten con
una ley franquista que ni siquiera les exige justificar tal indulto, y que es
un insulto a la justicia como poder independiente fundamental de un estado
moderno.
Y seguirán
así a menos que se lo hagamos pagar en las urnas.
Arturo Neira
No hay comentarios:
Publicar un comentario