viernes, 18 de agosto de 2017

NUESTROS MUERTOS


Otro atentado terrorista en Europa y se repite el guion en todos sus puntos.
Para empezar, diré que estoy apenado por la gente que sufrió el atentado, que se ha muerto, está herida y probablemente traumatizada de por vida.  No tengo la menor reserva en esto.  Es una injusticia y un horror que te trunquen la vida de esta forma y, por extensión, la de toda tu familia.  Mi cariño, respeto y apoyo.

Ahora voy con el guion.  Se monta una cobertura informativa exagerada, repetitiva, ñoña.  Se busca enganchar a los espectadores con imágenes, declaraciones de familiares, las opiniones de los tertulianos habituales y, afortunadamente, alguno nuevo que ha dicho algo nuevo o, por lo menos, diferente de lo que oímos todos los días.  También está en el guion las manifestaciones con presencia de autoridades- por cierto, qué pena que tenga que pasar esto para que las autoridades estatales y catalanas se junten -, que me parecen normales y positivas e incluso necesarias para darse ánimo y apoyo en un momento difícil.

¿De qué trata entonces este escrito?  Muy sencillo: me falta algo.  Y no me falta algo hoy, me falta algo los 365 días del año, porque desgraciadamente todos los días, o casi todos, muere alguien víctima del terrorismo integrista o yihadista, del Daesh, Isis o como quieran llamarle.  Como la base de una opinión mínimamente formada es la información, busco una estadística de atentados en lo que va de 2017 y me quedo impresionado por la cantidad de muertos a los que no tenemos ni el detalle de concederles 30 segundos de telediario. Por si alguien está interesado, aquí la lista: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Atentados_terroristas_en_2017

Es lógico que nos impresione más lo que sucede en nuestras comunidades, países, continentes, etc.., pero si hay un problema global que afecta a todos los continentes, lo lógico, si queremos solucionarlo, es darle un tratamiento global, generar una corriente global de solidaridad, de comprensión; y, a partir de ahí, si las instituciones globales- que existen y pagamos aunque no sepamos muy bien para sirven- como la ONU, hacen lo que tienen que hacer, podríamos comenzar un tiempo de colaboración a nivel mundial para solucionar los problemas. 

Si, por el contrario, tratamos de blindar nuestras fronteras y que las cosas pasen en otra parte, o los problemas- por ejemplo inmigración- se queden en otra parte, las cosas irán a peor.  No se le puede poner puertas-ni muros, ni concertinas- a las fronteras, o al mar.  Es como intentar poner puertas al campo, sobre todo con gente que no tiene nada que perder.

Lo muertos, las personas, son iguales en todas partes, valen lo mismo en todas partes y duelen lo mismo en todas partes.  Si marcamos tanta diferencia entre los nuestros y los de lejos, o los de otras culturas o religiones o continentes, y no colaboramos a nivel mundial, les estamos ofreciendo un enorme terreno de juego a los terroristas y facilitándoles las cosas enormemente.

Claro que para establecer esta conexión, esta empatía, tendríamos que empezar por considerar otros problemas que vienen de viejo:  justicia?, igualdad?....  Pero esto da para muchos más escritos.


Arturo Neira

lunes, 1 de mayo de 2017

Sr Montoro: La solución no es más dinero, sino más eficiencia

Los Tribunales Económicos y Administrativos, órganos dependientes del Ministerio de Hacienda que se encargan de vigilar que Hacienda no cometa “abusos fiscales”, están colapsados: 300.000 casos desde 2008 que les produce un retraso de unos 4 años en la resolución de los mismos.
Para empezar diré que no me inspira mucha confianza que un tribunal de Hacienda juzgue la actuación de Hacienda.  No sugiere mucha imparcialidad.  Pero es lo que hay.  La segunda consideración es ¿qué hace Hacienda para que se acumule semejante cantidad de casos?  Pues muy sencillo: Hacienda no cumple sus propios Derechos del Contribuyente, que deberían ser la base de su trabajo diario. 
Para muestra, un botón; un caso que sufro en carne- billetera- propia:
Hay un derecho del contribuyente que dice:
1.     Derecho a conocer la identidad de las autoridades y personal al servicio de la Administración tributaria bajo cuya responsabilidad se tramitan las actuaciones y procedimientos tributarios en los que tenga la condición de interesado.
12.   Derecho a formular alegaciones y a aportar documentos que serán tenidos en cuenta por los órganos competentes al redactar la correspondiente propuesta de resolución.
Está muy claro.  Sólo hay que saber leer y tener voluntad de hacer las cosas bien.  Tenemos derecho a saber quién lleva nuestros asuntos y, supongo, tratar con esa persona sobre ellos.  Pues, no.  No he tenido, como le ha pasado a todos los demás contribuyentes, la posibilidad de tratar con- ni siquiera de saber quién es- la persona que llevó mis asuntos.  Tampoco han tenido en cuenta mis alegaciones, ya que la resolución a las mismas está firmada el mismo día en que yo las entregué – por una persona a la que nunca vi delante.
Resultado: una resolución descabellada, con una valoración descabellada- como reconoció el propio jefe de gestión tributaria de Pontevedra- y un procedimiento lento y caro, que se podría haber arreglado en media hora en una entrevista con la persona que tramitó mi expediente.
Ahora el Sr. Montoro dice que dedicará 15 millones a incentivar a los miembros de dichos tribunales para que intensifiquen su trabajo y saquen adelante los expedientes.
¿Quiere decir que los funcionarios de los TEAR no trabajan con dedicación y necesitan incentivos? 
En todo caso, una administración racional, que no esté cada día más separada del contribuyente- han puesto mamparas para que no veamos a los funcionarios y hay que pedir cita: cada día más impedimentos-, más atención al público y más eficiencia.  Mi problema empieza porque una funcionaria del Programa Padre hace mal mi declaración de 2009, que incluía una reinversión en vivienda habitual.  Luego viene el requerimiento, las alegaciones no leídas, la resolución inaudita sin la audiencia que me correspondía y 8 años de gestiones y tiempo perdido; y mucho dinero: 8050€ entre devolución e intereses, más abogado; la comprensión de la persona responsable de la oficina causante del desastre y la desesperación de quién lleva esperando más de dos años y medio una respuesta que tendría que haberse producido en seis meses- pero ya se sabe, nosotros tenemos plazos, la administración, no- y la incertidumbre de la resolución, porque, según el Sr. Jefe de Gestión, hasta los plazos son interpretables: es terrible oír esto, lo medible no es interpretable, señores.

Con lo fácil que sería hablar con los contribuyentes, tener las cosas claras y arreglarlo en primera instancia- es decir, cuando fui a hacer la declaración a la Agencia Tributaria.

Desde el 2008 hasta ahora la falta de información y el secretismo- parece que las resoluciones las hacen en un bunker bajo tierra- han transformado Hacienda, y no para bien.