Hemos empezado el curso
de implantación de la Lomce en ESO y Bachillerato. Nueva ley, deberíamos estar ilusionados:
mejoras, nuevos métodos, modernización, desarrollo ….; es lo que un país debería
esperar de una nueva ley, pero ¿es esta realmente la sensación?
De momento, tenemos más
alumnos por aula - no recuerdo la última vez que tuve 150 alumnos en total o 34
en un aula- los mismos cacharros tecnológicos que no pueden con las nuevas
tecnologías que nos ofrecen las editoriales y, lo más grave de todo, tras dos
meses y medio de curso, tenemos a los profesores locos intentando llevar a cabo
la inmensa tarea burocrática que implica la nueva ley. No es normal que nos lleve más tiempo hacer
una programación que preparar las clases.
Resulta que ahora, aparte
de poner una nota numérica, hay que explicar por qué se pone, justificar cada
una de las 10 notas posibles de cada alumno – que pueden tener justificaciones
distintas, claro- y hacer unos porcentajes del peso de cada competencia básica
en la nota. Yo necesito un curso no sé
si de contabilidad o una ingeniería de calificaciones.
Llevo 33 años dedicado a
la educación y 6 leyes distintas: Ley General de Educación de 1970, LODE de 1985, LOGSE de 1990, LOCE del 2002, LOE del 2006 y LOMCE del 2013
¿Cuáles han sido los cambios fundamentales, esos que realmente hacen que la
enseñanza sea distinta, los resultados sean distintos y la sociedad se
transforme positivamente?
Nunca he sido aficionado
a estudiarme las leyes, de hecho sólo he ido aprendiendo lo mínimo imprescindible
para ejercer mi profesión lo mejor que sé y puedo. Recuerdo el paso del los consejos de
Dirección a los Consejos Escolares, en una etapa democratizadora en la que los
alumnos y el claustro de profesores tenían voz y fuerza en la gobernanza del
centro, con la LODE, creo; la unificación de FP y Bachillerato de la LOGSE, que
si bien tenía una filosofía aparentemente muy democrática: “todos tenemos
derecho a la misma educación”, yo siempre eché en falta el “todos tenemos
derecho a la educación que necesitamos”, porque ni las capacidades, ni los
intereses, ni las necesidades de los alumnos son las mismas.
De hecho la unificación de todos los alumnos
en un solo nivel, cuando en países tan adelantados como Holanda tienen hasta 3,
a partir de los 12 años, lo que logró fue bajar el nivel de todo el alumnado,
ya que no existía algo que se estuvo haciendo bastante bien en los últimos años
con las agrupaciones específicas, las diversificaciones – de excelente
resultado, si estaban bien hechas- y, sobretodo, los desdobles.
Hubo un momento
a finales de los 90 hasta hace unos 6 años que se ofrecía la posibilidad de
desdoblar los cursos numerosos, con lo que la calidad de la enseñanza, con 15 a
20 alumnos por aula, mejoró significativamente.
Como se ve por las
fechas, la producción de leyes educativas aumentó como la burbuja inmobiliaria
en este siglo, con 3 leyes en 11 años – una auténtica barbaridad. Ya me cuesta decir cuáles fueron los cambios:
mucha verborrea programática, como contenidos, procedimientos, actitudes,
contenidos mínimos, …qué más da. Han
introducido hasta una "no-asignatura" –apuesto a que somos el único país en el
mundo que tiene una cosa como Atención Educativa- en la que está prohibido
explicar algo; Educación Para la Ciudadanía, que yo creo que es una función de
la sociedad, nunca una asignatura: ¿De qué vale que le expliquemos a un
estudiante cómo se es un buen ciudadano, si cuando vea un telediario se va a
encontrar que la realidad nacional no tiene nada que ver con la ética
democrática, sino más bien con la sinvergüencería – y no le llamen picaresca,
no me insulten al Lazarillo, que lo hacía básicamente por necesidad. Ahora vienen otra vez con cambio de
nomenclaturas, más verborrea, más complicaciones,..estándares, rúbricas,…..bla,
bla, bla,…., para denominar conceptos ya existentes, pero que se aplicaban de forma más
sensata, racional y sencilla.
Señores, si realmente les
interesa tener un país de gente formada- cosa que dudo, ya que un país bien
formado no consentiría toda la ciénaga moral que asoma a diario por los medios
de comunicación; y lo que no sale, claro- es todo mucho más sencillo. En vez de tanto informe Pisa y tanto
iluminado, que seguramente hace muchos años que no pasa por un aula, pariendo leyes; pregunten a los profes que la pisamos todos los días y resultará mucho
más fácil y razonable.
Si tenemos un porcentaje
alto de niños que no saben leer bien a los 12 años, está claro que no es una
cuestión de estándares y porcentajes, sino de establecer un nuevo método en el
que la lectura, la escritura, la redacción, la interpretación de la realidad y
la capacidad expresar ideas propias tenga mucho más peso, y quizás muchos
conceptos teóricos queden aparcados para cuando la madurez en esas competencias
muy básicas, imprescindibles, estén
dominadas. Y luego, para evaluar todo
esto, no necesitamos tanta parafernalia, dos minutos escuchando a un alumno
leer, bastan para saber cómo lee y si entiende lo que lee.
Enseñemos a nuestros
alumnos a estudiar y así no nos encontraremos en 2º de Bachillerato enseñándoles
a hacer un resumen- elemento básico para la comprensión y el estudio- y, cuando
se acostumbren a leer bien no estudiarán- más bien chaparán, que no es lo
mismo- en voz alta, como hacen muchos; lo que hace que chapen en vez de
entender, que les lleve más tiempo y luego no comprendan, desesperados, por qué
su esfuerzo no da los resultados esperados.
Y, para terminar, tanta complicación para evaluar lleva a que se
santifique a perpetuidad el sacrosanto examen y la mayoría de los alumnos sólo
estudien para ellos, porque son el único fin y meta. No es de extrañar, por otra parte, en el país
del pelotazo; el ejemplo lo tienen a diario en la sociedad. "¿Qué quieres ser?" "Quiero ser rico, como un futbolista o Belén
Esteban". El trabajo bien hecho, la constancia, la perseverancia y la paciencia
no están de moda.
Y no puedo acabar sin
hacer referencia a estos hijos –me niego a llamarlos producto- de este sistema
educativo que, pasando por varias leyes a lo largo de su historia como
estudiantes, son tremendamente apreciados en todo el mundo, ya que son la clara
demostración de que, a pesar de las leyes y la inestabilidad que representa su
cambio inusitadamente frecuente, el sistema funciona para quien está bien
aconsejado, apoyado y dispuesto a aprovecharlo.
Los cambios en enseñanza,
como en muchas otras cosas en este país, no dependen de cambiar la ley- aunque
ha habido tremendas barbaridades en los últimos tiempos, como introducción de
asignaturas absurdas o mantenimiento de aprobados- sino de aplicar
razonablemente las que hay, y no marear al sistema y a la gente con cambios
cada 4 años, como si estuviesen jugando al ping pong. Pónganse de acuerdo de una puñetera vez y
consensúen una ley razonable y razonada –teniendo en cuenta la opinión de los
profesores, no sólo de los teóricos no practicantes- que solucione los
problemas reales y que suponga un proyecto a largo plazo.