martes, 22 de diciembre de 2015

Burocracia Docente (Indecente)

Hemos empezado el curso de implantación de la Lomce en ESO y Bachillerato.  Nueva ley, deberíamos estar ilusionados: mejoras, nuevos métodos, modernización, desarrollo ….; es lo que un país debería esperar de una nueva ley, pero ¿es esta realmente la sensación?
De momento, tenemos más alumnos por aula - no recuerdo la última vez que tuve 150 alumnos en total o 34 en un aula- los mismos cacharros tecnológicos que no pueden con las nuevas tecnologías que nos ofrecen las editoriales y, lo más grave de todo, tras dos meses y medio de curso, tenemos a los profesores locos intentando llevar a cabo la inmensa tarea burocrática que implica la nueva ley.  No es normal que nos lleve más tiempo hacer una programación que preparar las clases.
Resulta que ahora, aparte de poner una nota numérica, hay que explicar por qué se pone, justificar cada una de las 10 notas posibles de cada alumno – que pueden tener justificaciones distintas, claro- y hacer unos porcentajes del peso de cada competencia básica en la nota.  Yo necesito un curso no sé si de contabilidad o una ingeniería de calificaciones. 
Llevo 33 años dedicado a la educación y 6 leyes distintas: Ley General de Educación de 1970, LODE de 1985, LOGSE de 1990, LOCE del 2002, LOE del 2006 y LOMCE del 2013 ¿Cuáles han sido los cambios fundamentales, esos que realmente hacen que la enseñanza sea distinta, los resultados sean distintos y la sociedad se transforme positivamente?
Nunca he sido aficionado a estudiarme las leyes, de hecho sólo he ido aprendiendo lo mínimo imprescindible para ejercer mi profesión lo mejor que sé y puedo.  Recuerdo el paso del los consejos de Dirección a los Consejos Escolares, en una etapa democratizadora en la que los alumnos y el claustro de profesores tenían voz y fuerza en la gobernanza del centro, con la LODE, creo; la unificación de FP y Bachillerato de la LOGSE, que si bien tenía una filosofía aparentemente muy democrática: “todos tenemos derecho a la misma educación”, yo siempre eché en falta el “todos tenemos derecho a la educación que necesitamos”, porque ni las capacidades, ni los intereses, ni las necesidades de los alumnos son las mismas.  
De hecho la unificación de todos los alumnos en un solo nivel, cuando en países tan adelantados como Holanda tienen hasta 3, a partir de los 12 años, lo que logró fue bajar el nivel de todo el alumnado, ya que no existía algo que se estuvo haciendo bastante bien en los últimos años con las agrupaciones específicas, las diversificaciones – de excelente resultado, si estaban bien hechas- y, sobretodo, los desdobles. 
Hubo un momento a finales de los 90 hasta hace unos 6 años que se ofrecía la posibilidad de desdoblar los cursos numerosos, con lo que la calidad de la enseñanza, con 15 a 20 alumnos por aula, mejoró significativamente. 
Como se ve por las fechas, la producción de leyes educativas aumentó como la burbuja inmobiliaria en este siglo, con 3 leyes en 11 años – una auténtica barbaridad.  Ya me cuesta decir cuáles fueron los cambios: mucha verborrea programática, como contenidos, procedimientos, actitudes, contenidos mínimos, …qué más da.  Han introducido hasta una "no-asignatura" –apuesto a que somos el único país en el mundo que tiene una cosa como Atención Educativa- en la que está prohibido explicar algo; Educación Para la Ciudadanía, que yo creo que es una función de la sociedad, nunca una asignatura: ¿De qué vale que le expliquemos a un estudiante cómo se es un buen ciudadano, si cuando vea un telediario se va a encontrar que la realidad nacional no tiene nada que ver con la ética democrática, sino más bien con la sinvergüencería – y no le llamen picaresca, no me insulten al Lazarillo, que lo hacía básicamente por necesidad.  Ahora vienen otra vez con cambio de nomenclaturas, más verborrea, más complicaciones,..estándares, rúbricas,…..bla, bla, bla,…., para denominar conceptos ya existentes, pero que se aplicaban de forma más sensata, racional y sencilla.
Señores, si realmente les interesa tener un país de gente formada- cosa que dudo, ya que un país bien formado no consentiría toda la ciénaga moral que asoma a diario por los medios de comunicación; y lo que no sale, claro- es todo mucho más sencillo.  En vez de tanto informe Pisa y tanto iluminado,  que seguramente hace muchos años que no pasa por un aula, pariendo leyes; pregunten a los profes que la pisamos todos los días y resultará mucho más fácil y razonable.
Si tenemos un porcentaje alto de niños que no saben leer bien a los 12 años, está claro que no es una cuestión de estándares y porcentajes, sino de establecer un nuevo método en el que la lectura, la escritura, la redacción, la interpretación de la realidad y la capacidad expresar ideas propias tenga mucho más peso, y quizás muchos conceptos teóricos queden aparcados para cuando la madurez en esas competencias muy básicas, imprescindibles, estén dominadas.  Y luego, para evaluar todo esto, no necesitamos tanta parafernalia, dos minutos escuchando a un alumno leer, bastan para saber cómo lee y si entiende lo que lee. 
Enseñemos a nuestros alumnos a estudiar y así no nos encontraremos en 2º de Bachillerato enseñándoles a hacer un resumen- elemento básico para la comprensión y el estudio- y, cuando se acostumbren a leer bien no estudiarán- más bien chaparán, que no es lo mismo- en voz alta, como hacen muchos; lo que hace que chapen en vez de entender, que les lleve más tiempo y luego no comprendan, desesperados, por qué su esfuerzo no da los resultados esperados.  
Y, para terminar, tanta complicación para evaluar lleva a que se santifique a perpetuidad el sacrosanto examen y la mayoría de los alumnos sólo estudien para ellos, porque son el único fin y meta.  No es de extrañar, por otra parte, en el país del pelotazo; el ejemplo lo tienen a diario en la sociedad.  "¿Qué quieres ser?"  "Quiero ser rico, como un futbolista o Belén Esteban".  El trabajo bien hecho, la constancia, la perseverancia y la paciencia no están de moda. 
Y no puedo acabar sin hacer referencia a estos hijos –me niego a llamarlos producto- de este sistema educativo que, pasando por varias leyes a lo largo de su historia como estudiantes, son tremendamente apreciados en todo el mundo, ya que son la clara demostración de que, a pesar de las leyes y la inestabilidad que representa su cambio inusitadamente frecuente, el sistema funciona para quien está bien aconsejado, apoyado y dispuesto a aprovecharlo.

Los cambios en enseñanza, como en muchas otras cosas en este país, no dependen de cambiar la ley- aunque ha habido tremendas barbaridades en los últimos tiempos, como introducción de asignaturas absurdas o mantenimiento de aprobados- sino de aplicar razonablemente las que hay, y no marear al sistema y a la gente con cambios cada 4 años, como si estuviesen jugando al ping pong.  Pónganse de acuerdo de una puñetera vez y consensúen una ley razonable y razonada –teniendo en cuenta la opinión de los profesores, no sólo de los teóricos no practicantes- que solucione los problemas reales y que suponga un proyecto a largo plazo.